En esta ocasión os quiero hablar de mi abuela.
Su nombre era Josefa Rivero Rodríguez. Vivía en la calle Calderona y en Hurique.
Siempre fue una persona entrañable. Recuerdo con mucho cariño cada momento vivido con ella. Me enseñó a bordar pañuelos y a manejar su antigua máquina de coser de mano.
Disfruté mucho las veces que se quedaba en casa con mis padres, las que yo me quedaba en la suya, y las que se venía a la mía cuando me casé. Fueron momentos únicos. Reír era uno de nuestros pasatiempos favoritos, recordando momentos y compartiendo anécdotas. Era maravilloso.
Recuerdo cuando la observaba mientras se marchaba de mi casa, calle abajo. Cuando doblaba la esquina, sabía que algún día ya no volvería. Y así fue.
Nunca hubiera imaginado que bordaría su cara, cada rasgo que he besado y acariciado desde niña. Ha sido una experiencia única.
Mi abuela Josefa tuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres. Con sus nietos, que son mis primos, hemos compartido cada puntada de este retrato bordado artesanalmente a máquina de pedal antigua.
Sirva este pequeño detalle para recordarla, y poner una vez más de relevancia, el valor de las abuelas, porque siempre nos cuidaron, nos criaron, y nos demostraron el coraje y la fuerza pese a las muchas adversidades que tuvieron que superar en el tiempo que les tocó vivir.
Un beso al cielo a mi abuela, y a todas las abuelas del mundo.
-Antonia Ortuño Moreno-
Alhaurín el Grande, 18 de febrero de 2025
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